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martes, 3 de abril de 2018

Poesía...cada día...







"The coign of vantage".
Sur Lawrence Alma-Tadema.
Detalle.


Esta tarde de abril, llueve...no llueve...?,
entre los verdes campos del recuerdo
acaso hay una imagen que me espera...
Será tu cabellera ebria de viento

que danza entre los árboles y besa
las tiernas hojas nuevas...? Laberintos
de mágicas visiones evocadas,
susurros del ocaso y extravíos,

desiertas, solitarias, viejas playas,
restos de algún naufragio inesperado.
Ausencia de tu voz, es el vacío

que el tiempo no ha llenado. Atardeceres
sedientos de la nieve de tus manos.
Las primeras estrellas palpitantes...











(Archivo: cuevadelcoco).








miércoles, 22 de febrero de 2017

Poesía...cada día...





Monasterio de las Benedictinas. Jaca.
Dibujo de Mateo Lahoz.


Fue cierto anochecer...

Las primeras estrellas,
apenas asomaban
tras los muros sombríos
del viejo monasterio...

Esos muros, cubiertos
por la incansable hiedra,
en su constante avance
ansiosa de la altura...

Los dos, en silencio,
uniendo nuestras manos...

Tus ojos reflejaban
los restos fugitivos
del cansado crepúsculo...

"¿Volverás..., -yo te dije-,
...el próximo verano...?

Pero no hubo respuesta...

Con tus labios de niña
posados en mis labios,
nos acogió la noche...

Un ruiseñor, oculto
entre aromadas frondas,
desgranaba su canto...











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz).

sábado, 3 de diciembre de 2016

Poesía...cada día...





"Anochecer de otoño".
Técnica mixta.


Pequeño nocturno suave.

Perdido está en la llanura
cuanto quedaba del día...
Y la voraz lejania
impone su faz oscura...
La secreta desventura
de todo lo que se ha ido,
es un cantar dolorido
encadenado a mis penas...
Melancólicas sirenas
se abandonan al olvido...











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz).

































viernes, 25 de noviembre de 2016

Poesía...cada día...




Romancillo otoñal.


Los solitarios caminos,
llevan a la lejanía...

El horizonte se pierde
tras la neblina sombría...

Con el paso de los años,
la memoria se vacía
de aquellas ensoñaciones
que eran la luz de otros días...

Silentes sendas de otoño,
la esperanza, fugitiva,
hace tiempo que se fue...

La ingrata monotonía
donde mi alma se apaga,
llena de melancolía
las largas horas de insomnio,
antes de la estremecida
claridad de los albores,
que rasgan la amanecida.

Y espero que a mi regreso,
 haya una luz encendida,
en medio de las estancias
donde transcurre mi vida...











(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).


























jueves, 1 de julio de 2010

Poesía...cada día.


Caminaba lentamente

hacia el ocaso de mi espíritu

en la tarde invernal.

No había

pájaros ocultos

en las frondas,

sólo el susurro

del viejo pinar

lamentándose al paso

de los vientos helados.

Poesía...cada día.


Desesperanza altiva

que flautas acompañan con susurros

y nace de la soledad forzosa,

del misterio profundo de las islas

en medio del mar azuldo.

Algunas gaviotas

perseguían sueños fugitivos

que nunca alcanzaban.

Poesía...cada día.


Recuerdo con agrado

un tarde de sol

al final del invierno,

cuando la nieve

se iba retirando lentamente

hasta las cumbres

y los vientos de la tarde

comenzaban a ser tibios.

Y un rostro perdido en el tiempo

que conteía la dulzura

de los almendros floridos.
(Imagen: Chopera cerca del río Gállego).

lunes, 19 de abril de 2010

Poesía...cada día.


He recogido la esencia del otoño,

la fina lluvia,

y el color dorado.

Y el sol, tierno

como un pecho tibio,

y el olvido,

el primer llanto,

y la soledad primera.

Hasta que me llegue

lo que temo tanto:

Esa helada mañana

de mi desagrado.

(Poema de el Filósofo; fotografía, lasfotosdelcoco)

martes, 29 de septiembre de 2009

Poesía...cada día.


Entrar tímidamente en la arboleda
para soñar con viejos tiempos idos
y deshacer la niebla del recuerdo
y respirar por fin con cierto alivio.
Hollar la fresca hierba en el silencio
de un grato mediodía, suave y tibio
y recorrer la senda abandonada
en busca de unos labios ya perdidos.
Gozoso silba el viento entre las hojas
en su verdor apenas renacido.
¡Ay, corazón, que lates impaciente
y sin querer te engañas a ti mismo!
El paso inexorable de los días
tu cálida pasión ha consumido.