sábado, 3 de diciembre de 2016

Poesía...cada día...





"Anochecer de otoño".
Técnica mixta.


Pequeño nocturno suave.

Perdido está en la llanura
cuanto quedaba del día...
Y la voraz lejania
impone su faz oscura...
La secreta desventura
de todo lo que se ha ido,
es un cantar dolorido
encadenado a mis penas...
Melancólicas sirenas
se abandonan al olvido...











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz).

































jueves, 1 de diciembre de 2016

Pieter Brueghel: El invierno...





"El invierno".
Pieter Brueghel, llamado "el Viejo".
Breda, hacia 1525 - Bruselas, septiembre de 1569.

Pieter Brueghel, 
siembre he considerado
que es el pintor
que mejor ha sabido representar
la esencia del invierno...



Pieter Brueghel: "El invierno". (Detalle).

Artista minucioso, 
se recrea 
en la fiel y realista representación
de los detalles
que, pudieran parecer insignificantes,
pero, a los que él,
concede la misma atención y trabajo,
que a los primeros planos.




Otro detalle de "El invierno".


Las ramas desnudas,
sus intrincados laberintos,
nos muestran las capacidades
de observación y análisis,
propias de un pintor,
que, todavía no se ha desvinculado
del entorno natural.
Los pájaros,
son elementos vitales,
para que el conjunto de la obra,
nos parezca verosímil,
absolutamente creíble.






Los fondos,
las lejanías,
no aparecen exentos 
de atención y de trabajo.
En las obras de Pieter Brueghel,
nunca hallaremos asimetrías,
en el tratamiento
de ninguno de sus elementos.











(Archivo: cuevadelcoco).


"UN DÍA DE DICIEMBRE". (3).


Estación del Norte, o del Rabal.


Entre los viajantes de comercio, en principio, no suelen existir categorías. Se respeta a los más veteranos, que representan, a fuerza de constancia y trabajo, a las casas comerciales con mayor poder económico, y que, constituyen una especie de premio, cuando ya están cerca de abandonar la profesión.
Sí hay dos tendencias. Los que han interiorizado esa forma de vivir, ese nomadismo sobre ruedas de hierro y acero, y que, no pueden abandonar, porque, para ellos, todo cuanto hacen, es su única razón para permanecer vivos. Y para sentirse vivos… Morir con las botas puestas… En acto de servicio…
Bastantes, tienen familia, a la que apenas ven. De vez en cuando, se dejan caer por su casa, donde son atendidos, mimados y amados por sus mujeres. Contemplan a sus hijos en silencio, y meditan sobre el paso de los años. Los hijos crecen. Cambian. Y, a fuerza de ausencias, se convierten en extraños para ellos, y viceversa. Tratan de hablarles, pero las conversaciones se diluyen pronto en el silencio… Poco hay que decir… Aman a sus esposas en esas breves noches, ardientemente, saciando su apetito de hembra, una y otra vez… Es, entonces, cuando sienten la congoja de la partida… Ellas, lloran en silencio, cuando se quedan solas nuevamente… Porque, sí, viven bien, no les falta nada, excepto la presencia masculina, y son conscientes del paso de los años. Se preguntan si algún día, él, el todopoderoso varón, que siempre tiene obsequios para ellas, adquiridos aquí y allá, y que se muestra amable y cariñoso, dejará de mirarlas con deseo.
Los hijos, se ilusionan con los regalos del padre viajero. Pero también llegará un día, en que preferirán contemplarse en los ojos de una chica, saborear los primeros besos, vivir el amor, renacido una vez más… Acaso las hijas, fueran las más reacias a la idea de alejarse del hogar de sus padres… Contemplan al “homo viator” con admiración. Agradecen sus detalles, que conservan con cariño, y, lloran alguna vez, pues, sin él, se sienten inseguras. Cosas de la vida…
Y, en el otro lado, los que, cansados del incesante vagabundeo, aspiran a la quietud…. A una  casita donde hallar un poco paz…, con un jardín que cuidar, y un rincón del mismo donde cultivar…¡bueno…!, habría tiempo para todo. Sin embargo, hubo quienes, tras esos buenos propósitos, que retornan a su antigua vida, y se mantienen fieles a ella, hasta el día en que las fuerzas los abandonan.
El viajero, camino de Zaragoza, consideraba todo aquello. ¿En qué lugar se encontraba él…?
Aún no lo sabía.
El tren avanzaba, y, arrebujado en su gabán, contempló aquella llanura, que tantas veces recorriera en su labor de representación. Divisó, a lo lejos, la silueta de algunas torres, que anunciaban la proximidad de la capital aragonesa.
Tras informarse de los horarios en dirección Norte, dejó su maleta en consigna, y, como necesitaba una buena comida reparadora, y que le diera energías para soportar el último trayecto, se dirigió a una fonda, donde ya había recalado en más de una ocasión.
Comió sin prisa, deleitándose en los sabrosos platos, bien condimentados, y en el arroz con leche, como postre, que le supo a gloria.
Cuando, de regreso a la estación, cruzaba el Puente de Piedra, volvió a sentir ese malestar interior, esa amarga sensación, que ya tuvo por la mañana, de que, semejante a una premonición, le advertía de un inevitable fracaso.
Y, tras recuperar su maleta de la consigna, subió al tren, que esperaba la hora de la partida, en una de las vías laterales.
A través de la ventanilla, el viajero, observó que las sombras se habían adueñado de la llanura. Sólo en las paradas, se atisbaban las luces amarillentas de las estaciones.
Largo se le hizo el viaje. ¡Demasiado largo…!
Y, cuando llegó a su término, y descendió al andén, un viento gélido azotó su rostro. El llamado “coche de la estación”, renqueante y lento vehículo, esperaba en la plazoleta, junto a la salida de viajeros.
Nadie había salido a recibirlo. Con cierta extrañeza, y bastante decepción, se apresuró a librarse de aquellas rachas heladas, en el no muy cómodo refugio del interior del  destartalado y sufrido autobús.
Se apeó en la calle Mayor, junto al hotel “La Quiete”, como hiciera otras veces. No, no quedaban habitaciones libres… El dueño y director del hotel, que esa noche oficiaba también de recepcionista, era un buen hombre. Una ojeada le bastó, para darse cuenta, de que aquel transeúnte, estaba cansado, aterido y hambriento. Tras indicarle que dejara su equipaje tras el mostrador de la recepción, le hizo una seña para que lo siguiera, y lo condujo al “office”, donde le rogó que se acomodara, y esperara unos minutos.
Apareció una camarera, con cara de sueño, que, forzando la sonrisa, le sirvió una cena, a base de una buena taza de consomé, medio pollo asado, y un pedazo de tarta de peras de invierno. Además de una botella de vino, que, según le comentó la moza, era “de la casa”.
Se recompuso el viajero, pero su preocupación por entregar el mensaje, lo mantenía en vilo.
El dueño de “La Quieté”, asomó deshaciéndose en disculpas… Que el hotel, por circunstancias que omitió, estaba al completo, que lo sentía mucho, pero que, aseguró, “…no dormirá usted al raso, no faltaría más…!”.
Y se vio acomodado, no lejos de allí, en una casa de la calle del Lobo,  cuyos dos pisos, en la primera planta, tenía alquilados el hotelero, para servir de habitaciones, en circunstancias  semejantes.
Así, roto de cansancio, el viajero se acostó inmediatamente, nada más quedarse solo, y, bien arrebujado entre mantas, se quedó dormido.
Durante la noche, y, al acercarse la madrugada, creyó escuchar, mezclados con los sueños, el continuo transitar de ruidosos vehículos, voces ásperas, pasos precipitados…, pero, el frío y la imperiosa necesidad de dormir, impidieron que saliera de su cálido refugio, para enterarse de lo que estaba sucediendo…

(Continuará…)













(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: EPT).

Edith Holden: Diciembre...





"Diciembre".
Edith Holden:
"La felicidad de vivir con la naturaleza".


Hemos llegado a diciembre...

Y estrenamos el mes
con esta evocadora acuarela
de Edith Holden.

Vivir CON la naturaleza...

Sentir el paso de las estaciones,
percibir y disfrutar de sus cambios,
de sus variables colores,
de sus especiales aromas...

Sentir el frío y el calor,
el sol, la lluvia,
el viento y la nieve...

Contemplar el esplendor del verano,
el oro fugaz del otoño,
el brillo helado del invierno,
y el renacer de cada primavera...

Admirar,
día a día,
el más grandioso espectáculo:
La vida natural...











(Archivo: cuevadelcoco).


miércoles, 30 de noviembre de 2016

San Andrés, de Doménikos Theotocópouli, "el Greco"...





"San Andrés, Apóstol"
Domenikós Theotocópouli,
llamado "el Greco".


El "Greco", realizó varias versiones,
del Apóstol Andrés,
en su mayoría
portando los dos maderos en aspa,
donde fue crucificado...

El nombre de Andres,
procede del griego,
andrós,
que significa hombre...

Hoy, 30 de noviembre,
se conmemora 
el recuerdo de este Apóstol,
que caminó junto a Cristo...

¡Felicidades a cuant@s llevan su nombre!











(Archivo: cueva del coco).

Noviembre se va...


Candanchú.


"Para Todos los Santos,
la nieve por los altos...
Para San Andrés,
la nieve por los pies..."

¡Qué bonitos,
los refranes de antaño...!

Este refrán me lo enseñó mi abuela,
en el otoño de 1959, 
¡y no lo he olvidado!

La primera parte,
sí que solía cumplirse...

La Montaña,
aparecía con manchas blancas
en lo más alto...

Pero muy pocas veces,
San Andrés nos permitía
pisar la nieve,
que llegaba 
al comienzo del invierno...

En aquella cocina,
con chimenea de campana,
donde hacíamos vida...,
¡cuántos libros devoré,
en aquellos sombríos atardeceres,
a la salida del colegio...!

Mientras,
merendaba 
pan con pasas y nueces...,
o pan con chocolate Nestlé...

El abuelo, 
escuchaba la radio...,
hasta que se adormecía...

La abuela,
siempre con las agujas de tejer,
funcionando a media marcha...

Los tres solos...

Y, fuera, el viento y la lluvia...











(Archivo: cuevadelcoco).





martes, 29 de noviembre de 2016

El eco de los días...




"Eco y Narciso".
John William Waterhouse.


Durante este mes,
todo ha sucedido
de una forma tan rápida,
tan vertiginosa,
que los acontecimientos
parecen irreales...

Irreales y lejanos...

Como si de todos ellos,
sólo llegaran
ecos y reflejos...

La vida cotidiana,
se cubre de tonos sombríos...

No hay alegría...

Y la esperanza...,
¡queda tan lejana...!

Una indefinida tristeza,
se apodera de todo,
y nos encoge el alma...

Porque no avanzamos...

O, el avance es tan lento,
que no lo percibimos...

Ecos y reflejos...

Sonidos sin sentido...,
imágenes quebradas,
que huyen de nosotros...











(Archivo: cuevadelcoco).