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miércoles, 5 de octubre de 2016

Las torres de Jaca...

 
 
 
 
Torre del Monasterio de las Benedictinas.
 
Aparece, desde mi punto de observación,
como la más alejada...
 
Su chapitel,
brillando al sol de la tarde,
se recorta sobre los campos otoñales...
 
 
 
La torre de las "Benitas",
como decíamos de niños...
 
 
 
Entre tejados,
antenas y chimeneas,
la torre de la Iglesia de Santiago,
antes de Santo Domingo,
se eleva,
mostrando su primitivo estilo románico...
 
 

 
En este encuadre,
se observa algo mejor...
 
 

 
Torre de la Iglesia de N. Sra. del Carmen.
 
 
 

 
La Iglesia del Carmen,
que los PP. Capuchinos
tenían a su cargo...
 
 

 
Alguien habrá,
que todavía recuerde
al P. Hermenegildo de Fustiñana,
con sus anteojos
y su larga barba blanca...
 
 

 
Conocida, desde siempre,
como "torre del reloj",
su chapitel fue desmontado en 1969.
 
Creo que hice,
desde mi antigua casa,
una de las últimas fotografías...
 
Desde el siglo XV,
fue residencia del "Merino",
representante del Rey en la Ciudad-
 
Las campanas,
se exhiben en el patio del Ayuntamiento...
 
 

 
Torre de la Catedral de Jaca.
 
Sólida,
de recios muros,
es, junto con la Ciudadela
y la Peña Oroel,
uno de los tres símbolos de la Ciudad.
 
 

 
La torre, contemplada de cerca...
 
 

 
Detalle del remate,
que se colocó sobre la torre,
con más o menos acierto...
 
La bandera blanca,
es el símbolo
de que no hay epidemia de peste...
 
Cuando la hubo,
una bandera roja,
avisaba del peligro de contagio...
 
 
Estas son, en fin,
la torres de Jaca.
 
Sus campanas,
salvo en un caso,
no han enmudecido...
 
 
 
Y, ¡cómo no podía faltar en esta relación...!,
 la "torre" más alta y antigua:
El Monte Oroel...
 
Impasible,
cambiante según las estaciones
y las horas del día,
parece ser, y es, 
la esfinge protectora
de la Ciudad der Jaca...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: cuevadelcoco.
Imágenes: mirarlook/cuevadelcoco)

 

 
 
 

 

 
 


Los tangos..., ¿por qué son tristes...?


Carlos Gardel.

Luisa, nuestra vecina de rellano,
era pequeña y frágil.

Un poco encorvada,
y siempre vestida con discreta elegancia,
por algo era modista.

Cantaba de la mañana a la noche...

Un pajarillo indefenso,
a quien, en las horas de asueto,
fuera del oscuro caserón del colegio,
me gustaba escuchar...

Cantaba muy bien,
con una voz
agradablemente modulada,
potente incluso,
que, a veces,
nos parecía imposible
que fuera de ella...

Cuando cantaba tangos,
se hacia el silencio...

Ponía el alma en ellos...

Y, siempre,
me encogían el corazón...

Esos tangos tristes,
que hablaban
de amargos regresos,
de retornos teñidos de derrota...

"Volver", "Caminito", "Arrabal amargo",
""Adiós, muchachos", "La cumparsita",
"El día que me quieras", "Mi Buenos Aires querido",
"Melodía de arrabal", "Bandoneón arrabalero"...

!Creo que se los sabia todos...!

Y yo, que llevaba oyéndolos,
desde mis cinco o seis años,
jamás he podido olvidarlos...

Cierto día,
(yo era ya un estudiante
del segundo tramo, no curso, de Bachiller),
me atreví a preguntarle
el por qué
de la tristeza de los tangos...

Me miró a los ojos un momento,
y contemplé tanta desolación,
tantas cosas perdidas,
tanta soledad...,
que, cuando bajó la vista,
para continuar con su labor de costura,
sin haberme dado una respuesta,
lo comprendí todo...

Y, sólo pude decirle,
tímidamente,
"¡gracias...!"

Me sonrió entonces,
con dulzura...,
y siguió cantando...

"!Volveeeeeer,
con el alma marchita,
las nieves del tiempo,
platearon mi sien...!"

Unos años después,
desocupó su piso,
para irse a vivir con su hermana...

Me regaló una nutrida colección
de marcos dorados,
plateados,
metálicos,
de madera...,
pues sólo se llevó consigo,
los dibujos y pinturas
que hubo en ellos
durante muchísimos años...

Pasado el tiempo,
supe que había fallecido...

El frágil pajarillo
dejó de cantar...

Y, en ocasiones,
me vienen a la memoria,
aquellas letras tristes,
desesperanzadas,
que decían adiós
a un tiempo ya perdido...











(Archivo: cuevadelcoco).



Cosas del Coco...


"Senda otoñal".
Grafito sobre papel "Canson",
tipo pergamino.



   "...hace días que no sé nada, o muy poco, de mi amigo el Filosofo...

Alguna vez, el Pájaro Negro, sobrevuela la llanura,
y me trae alguna noticia...

Dice, que mi amigo, sale con los dos perros, 
y, llevando al gato en brazos,
se aleja por cualquier camino...

Luego, se acomoda bajo un árbol, 
tras colocar al gato sobre la hierba,
en un lugar soleado,
y saca un libro 
del bolsillo de su cazadora...

¿Lee...?

¿Se pierde su pensamiento 
al cabo de unas pocas paginas...?

También el Milano me cuenta alguna cosa...

En ocasiones,
planea muy bajo,
sobre el Filósofo,
intentando atraer su atención,
pero no lo consigue...

Sumido en sus meditaciones,
parece ajeno
a cuanto sucede en el mundo...

Estuvo conmigo este verano,
un par de veces...

Le ofrecí agua del manantial,
en el cuenco de barro,
como a él le gusta...

Y me lo agradeció con una sonrisa...

Pero...era una sonrisa triste...

En su segunda visita,
estuvimos conversando 
casi hasta el amanecer...

Fue entonces,
cuando me preguntó por la muerte...

- ¿Qué es la muerte, Coco...?

Y... no supe qué decirle...

Tampoco yo lo sé...

El Filosofo parece cansado...

En unos pocos años,
ha perdido buena parte de su energía...,
y el brillo de sus ojos
ya no es el mismo...

Todos los mediodías,
lo espero a la entrada de la cueva...,
con el cuenco de arcilla cocida,
lleno del agua que tanto le gusta...

- He bebido en muchos manantiales y fuentes,
pero no hay agua como ésta...
Calma la sed,
y sosiega el pensamiento..., dice...

¿Volverá antes de las primeras nieves...?

Luego, las sendas de la montaña,
se hacen intransitables,
y se vuelven peligrosas...

Este otoño es benigno,
con un ligero toque cálido...

!Cómo lo echo de menos...!

Mientras,
sigo esperándolo todos los mediodías...,
con la vasija de dulce agua fresca en mis manos...












(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: EPT).