"The window washer".
Norman Rockwell.
La vida cotidiana en USA,
reflejada con humor,
amable ironía,
y cierta dosis de crítica,
eso sí,
siempre bienintencionada.
(Archivo: cuevadelcoco).
"The window washer".
Norman Rockwell.
La vida cotidiana en USA,
reflejada con humor,
amable ironía,
y cierta dosis de crítica,
eso sí,
siempre bienintencionada.
(Archivo: cuevadelcoco).
Aún no son las diez.
Esta ventana desaparecerá algún día...
Y con ella,
irán al más absoluto olvido,
todos los que habitaron esta casa.
Sus muros,
presentan huellas de heridas incurables.
Las peores, sin duda,
causadas por el abandono,
el desinterés
o la urgencia de algo nuevo...
Las hojas, casi transparentes,
recogen con agrado la caricia del sol.
Son tan jóvenes...!
Inspiran ternura,
deseos de protección,
de cuidarlas y mimarlas
para que crezcan felices...
Brotan por todas partes.
Y ese amarillo intenso,
alegra la mirada...
En los caminos,
junto a las tapias,
allí donde haya un poco de humedad,
sus semillas
germinan y se desarrollan.
Son muy sociables,
les gusta vivir agrupadas,
como en familia.
Qué nos pasa a todos...?
Es la incertidumbre,
el miedo
producido por el no saber...
No hay alegría.
Y así, es difícil vivir.
Han pasado doce horas.
Son las diez de la noche.
(Archivo: cuevadelcoco.
Imágenes: mirarlookcuevadelcoco).
"...puede que lo recuerdes. Hubo un tiempo en el que nuestras máquinas de escribir, eran, junto a unas pocas cosas, lo más valioso que teníamos. Tecleábamos sin descanso. La tuya, no sé si la conservas. La mía, aguantó siete años, luego, dejó de funcionar. En el mismo lugar donde mi abuela me la compró, también se la quedaron "para piezas". Luego, tuve otra, una "Hispano Olivetti" de color naranja, que también terminó en el mismo sitio. Y otra más. Y una, eléctrica, que nunca me gustó. Era un artilugio poco recomendable. Sin embargo, la primera conoció aquellos intentos literarios que hoy, afortunadamente, han desaparecido. Alguna vez, encuentro algún fragmento entre las páginas de cualquiera de los libros que leíamos y compartíamos en aquella época, y no, no lo leo, me limito a dejarlo donde estaba. Y el libro también. Todos y todo, tenemos derecho al olvido. Debería de crearse una "Ley de Olvido Histórico", para que se quedase en el limbo lo que cualquier ciudadano deseara borrar del cúmulo de recuerdos que constituyen la vida. ¡Vaya carga! Sí, aquellas máquinas de escribir, recibían el impacto de nuestros dedos durante horas. Aún escucho el tac-tac-tac resonando en la noche, cuando, en la mesa de la cocina, y envuelto en silencio, ponía en orden las cosas del Instituto, ese poema escrito en un momento de "inspiración", sobre un sufrido pedazo de papel, doblado y vuelto a desdoblar, y... Bueno, ¡tantísimas cosas! El castigo del teléfono no existía. ¡Ay, aquellas cartas! A mi tío, a mi prima preferida, al compañero de clase que se fue a vivir lejos, porque su padre, que era militar, hanía ascendido, y, lógicamente, suponía un destino nuevo, a la novieta que tenía al otro lado de la frontera, que era hija de padres españoles y nieta de abuelos que tuvieron que salir de aquí, so pena de algún "paseo" al amanecer... Tú también tenías familia cerca de una ciudad importante. Y me contabas tus andanzas, y los incipientes escarceos amorosos que pudiste vivir. ¡Francia...! Cuando paseaba por los alrededores del castillo, me detenía para contemplar las montañas del norte, y sentía deseos de cruzarlas y ver el otro lado... Ya es primavera...! Te deseo lo mejor...! O, como decían los romanos al final de una misiva: Vale!"
(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlookcuevadelcoco).
Obra de José María Martínez Tendero,
que forma parte de un conjunto de pinturas
en las que Viena,
y concretamente
la Catedral de San Esteban,
constituyen su centro de atención.
(Archivo: cuevadelcoco).
"Dalí, de niño, levantando la piel del agua,
para ver un perro dormido a la sombra del mar".
Salvador Dalí.
Siempre me ha gustado esta obra de "el divino",
desde que la contemplé por primera vez,
hace ya mucho tiempo.
Título largo, pero genial,
que evoca un sueño,
o la intuición de algo que va más allá
de la simple y cansante realidad.
Sus colores,
me recuerdan un otoño dorado,
que sucedió a un estío caluroso y deslumbrante.
Tenía yo siete años.
(Archivo: cuevadelcoco).
Federico García Lorca.
Fragmento de CANCIÓN OTOÑAL.
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla...
(Archivo: cuevadelcoco).