martes, 31 de enero de 2017

"UN DÍA DE DICIEMBRE". Epílogo.




Castillo de San Pedro. Jaca.
Dibujo de Mateo Lahoz.


EPÍLOGO.

Obligado, casi forzoso, es el hecho de referirse a varios de los personajes, que, de una manera u otra, concurrieron en lo sucedido en aquel lejano, y un tanto olvidado diciembre. Y digo olvidado, porque hubo jornadas más brillantes, al menos en apariencia, que mermaron lustre al intento de sublevación, que conmocionó al país, y que daría lugar a un tiempo incierto, apasionante para unos..., y triste para otros...
Comenzaremos por el viajero. Permaneció durante todo el día, en aquella habitación helada, hasta que el dueño de "La Quieté", lo sacó de allí y lo alojó en una cómoda y caliente habitación del hotel. Recuperó fuerzas, descansó, y, al día siguiente, dejando de lado las visitas previstas en su agenda, tomó el tren y regresó a Madrid. En años sucesivos, desarrolló su profesión de viajante/representante, sin volver a acercarse a aquella ciudad, que intentó borrar de su memoria, por los momentos angustiosos que vivió en ella. Tomó una nueva ruta, desde Madrid hacia Levante y al Sur. Por fin, decidió que ya estaba bien de madrugadas y de vestíbulos de estaciones y hoteles. Vendió cuanto poseía, que no era poco, pues siempre llevó una vida austera y comedida, y se afincó en Portugal, un poco antes de que llegara aquel mes de julio del 36. Abrió un almacén de productos variados, y, como consiguiera un compromiso con cierto cultivador de café, en Sudamérica, se convirtió en el más afamado distribuidor de este aromático producto. Jamás regresó a España, y, aunque la "morriña" iba y venía por su cabeza, resistió la tentación de volver. A los sesenta años, traspasó o vendió el establecimiento. Viajó por el país en busca de un lugar soleado, hasta que lo halló, al sur de Lisboa, frente al Atlántico. Luego, se trasladó a Florida, y residió bastante tiempo, en la extensa finca de un primo suyo, por parte de madre. Visitó la costa oeste, y se quedó maravillado por el sol de California. A partir de allí, sus amigos no tuvieron más noticias... Y nada más se supo de él... El otoño anterior al ataque de Pearl Harbor por la aviación japonesa, apareció un libro titulado "Donde quieran los vientos", que tuvo muy buena acogida y considerable éxito, donde se narraban las peripecias de un viajante de comercio, firmado por Horace J. Preston... Como es natural, en la España de los cuarenta, nadie reparó en él...
La menor de las dos hermanas Fuenclara, continuó con su vida de siempre..., hasta el 14 de abril. No hablaba con nadie, buscaba la soledad, paseaba por sendas y caminos, rehuyendo toda compañía... A veces, subía al desván, se sentaba en alguna vieja silla, y permanecía allí, con la mirada fija en un punto, que se hallaba más allá, mucho más allá, de aquel sombrío recinto... Cierto día, y con gran pesar de la familia, cruzó la frontera, y se fue a vivir con unos parientes, que regentaban una granja en las afueras de Pau... Parece ser que le sentó bien el contacto con la naturaleza, la vida sencilla y la distancia que la separaba de aquellos acontecimientos, que siempre le parecieron irreales, como si no los hubiera vivido... Regresó en los primeros días de agosto de 1936, y, muy a su pesar, fue recibida como una heroína... Las dos hermanas, iban juntas a todas partes. Apenas si hablaban entre ellas. Y, sobre aquel episodio de un día de diciembre, jamás hicieron comentario alguno.
El Padre Amadeo de Olite, pidió a sus superiores ser destinado a las Misiones de América del Sur, y allí permaneció el resto de su vida. No quiso presenciar todo cuanto había contemplado en sus sueños y visiones premonitorias. Alcanzó fama de santo, y fue muy venerado en la región donde desarrolló su labor evangelizadora. Mas, por encima de todo, permaneció el recuerdo de su bondad, comprensión y tolerancia. Según noticias enviadas a España por otros miembros de la misión, su vida se fue apagando lenta y apaciblemente, próximo a los cien años de edad.
La familia de Paquito Quílez, abandonó la ciudad en la primavera de 1940. Se establecieron en Valencia, donde prosperaron y hallaron una vida cómoda y plena de posibilidades para sus hijos. Paquito, estudió Medicina, el sueño que guardaba en su interior desde niño. Poco a poco, dejaron de escribirse con los parientes y amigos del norte de Aragon. En un intento, quizás, de olvidar una tierra de duros y largos inviernos, y otros recuerdos de ingrata memoria.

Y así, esta historia, llega a su final.

Zaragoza, 31 de enero.











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz).


















Enero: El primer peldaño...





"Escaleras".
Maurits Cornelis Escher,
más conocido como M. C. Escher.


Enero, el primer peldaño...


Los grabados y dibujos de M. C. Escher,
en ocasiones, 
sobre todo, cuando representa escaleras,
nos sorprenden, nos inquietan,
ponen a prueba nuestra lógica...

Y, acaso, nuestra razón...

Son y constituyen,
propuestas imposibles...

Fácil, demasiado fácil, 
sería el hecho
de vincularlo al movimiento surrealista...

Pero no...,
porque M. C. Escher,
eligió otro camino para su obra...

Mi intención,
era decir algo de enero,
que ya se va...

El primer peldaño...

¿Lo hemos subido...,
lo hemos bajado...?

Acaso nos suceda lo mismo
que en los dibujos de Escher...

Sus personajes,
que recuerdan el mito de Sísifo,
avanzan constantemente
por esas escaleras de pesadilla...,
sin saber en qué sentido...,
ni dónde se halla el final...

Igual que nosotros...











(Archivo: cuevadelcoco).





lunes, 30 de enero de 2017

...día de lluvia...





 ...lluvia suave y tranquila,
amiga del silencio...



...imágenes que pueden
pertenecer a un sueño...



...las calles son espejos
inquietos, inconstantes...



¡...quién sabe si la lluvia
ha de volver de nuevo...!



...humedad soledad
que envuelve la mañana...



...pasos precipitados
bajo las nubes grises...



...y un incierto temor
a que deje de llover...











(Archivo: cuevadelcoco.
Imágenes: mirarlook/cuevadelcoco).






jueves, 26 de enero de 2017

Poesía...cada día...





"Tarde invernal".
Óleo sobre tela.


En estos tiempos inciertos,
los caminos me llaman...
Y su voz está hecha
de susurros de vientos,
de ramas que han perdido
el esplendor estival,
de hojas secas crujientes...
El barro, pardo y reseco,
se quiebra y se deshace,
así, mi leve huella
será más efímera...
Un severo paisaje,
que incita al pensamiento
a plegar el abanico
de las tumultuosas
imágenes que vibran
en las noches de insomnio...
Lo que busco es sencillo:
El olvido y la paz
para enfrentar cada noche...
Y voy dejando un rastro
de vivencias marchitas,
de ajadas emociones,
de recuerdos confusos...
Los caminos me llaman,
me ofrecen su consuelo...











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: EPT).


miércoles, 25 de enero de 2017

Epístola invernal a Carles Puigdemont: Predicar en desierto...






Sr. Puigdemont: 

Seguramente ha escuchado usted alguna vez,
la expresión "predicar en desierto",
como forma de calificar una alocución,
a la que nadie hizo caso...

Mire usted...,
eso de presentarse en la UE,
así, de buenas a primeras,
para solicitar su apoyo...,
me parece patético...

¿Tan desesperados están,
que recurren a métodos 
como el que usted ha protagonizado...?

Pues ya ha visto el resultado...

Nadie escuchó su discurso...,
nadie ligado oficialmente a la UE...

Recuerdo una frase,
de cuando hacía mis primeras incursiones
en el griego clásico...

"Las vanas esperanzas,
destruyen la voluntad de los hombres".

¿Se ha parado usted a pensar, alguna vez,
si todos los esfuerzos 
encaminados a una pretendida separación,
son, tan sólo, un espejismo,
una truculencia de mago de salón,
alimentada por un grupúsculo,
un coro opaco de eternos enredadores...?

¿Y ha considerado, también,
si usted, en realidad,
actúa como hombre de paja,
sujeto a la voluntad de una minoría...?

Nos anuncia que habrá consulta...

Y, que tras la consulta, 
esa autonomía se desligará de España...

¡Pero hombre, no sueñe despierto...!

Los sueños..., no cuestan dinero...

Por eso mismo,
por ese carácter de gratuidad,
se desvanecen enseguida...

Se disipan como el humo...

La UE,
ya tiene bastantes
e importantes problemas,
para que vaya usted
a incordiar con una minucia...

Porque así contempla la Comunidad,
y ha podido comprobarlo,
las pretensiones de su fallido discurso...

¿Qué esperaba...?

¿Que lo recibieran con los brazos abiertos,
lo apoyaran y alentaran...?

La humareda se ha disipado...

Usted, y sus fabricantes de fantasías,
han chocado, de manera ridícula,
y acaso inesperada,
con la cruda realidad...

¡Medítelo si puede..., o le dejan...!











(Archivo: cuevadelcoco).











Mafalda: Una buena respuesta...




"Mafalda", de Quino.


Mi abuelo, ante una situación,
o un hecho,
que consideraba
fuera de todo límite,
solía decir, apesadumbrado:
"¡Esto es el acabóse!".

Triste expresión de que,
a partir de aquello,
ya no había nada que hacer...

Yo lo escuchaba en silencio,
sintiendo cierta inquietud,
no exenta de temor...

¡El acabóse...!

¡Todo se derrumbaba,
era, definitivamente,
 el fin de los buenos tiempos...!

Mafalda,
sí que le hubiera replicado,
como lo hace con ese señor,
indignadísimo...











(Archivo: cuevadelcoco).



















domingo, 22 de enero de 2017

Capitel del Sacrificio de Isaac. Catedral de Jaca.





Capitel del Sacrificio de Isaac.
Catedral de Jaca.


Representación de una escena bíblica,
perteneciente al Antiguo Testamento:

Abraham, obedeciendo la orden divina,
se dispone a sacrificar al único
y esperado hijo,
que concibiera su esposa Sara.

Isaac, en primer término,
sujeto por su padre, Abraham,
que empuña el cuchillo,
y que, en ese instante decisivo,
su impulso es detenido
por la mano de un ángel.

A la derecha,
el sacrificio del carnero,
que hallaron enredado en unas zarzas.

La multiplicidad de la escena,
se convertía así,
y  lo sigue siendo,
en una lectura asequible,
sin dificultades para su comprensión.

La Biblia,
y de acuerdo con los cánones de la época,
quedaba expresada en la piedra.











(Archivo: cuevadelcoco.
Image