jueves, 12 de enero de 2017

Edith Holden: "La felicidad de vivir con la naturaleza".





Del diario de Edith Holden: "Enero".


Bella y delicada ilustración,
realizada a la acuarela,
que muestra una imagen invernal,
centrada en la vida
de estas pequeñas aves,
capaces de sobrevivir
a la estación más cruda...

Edith Holden, 
observaba atentamente...,
interiorizaba 
todo cuanto iba contemplando...,
y lo convertía
en una obra de arte...






En el exterior,
hace mucho frío...
Han salido en busca
de algo para comer...

Unas raíces,
algunas bayas...,
todo es aprovechable...

Luego,
volverán a sus madrigueras,
cálidas,
confortables,
...y seguras...!

Con aéreas pinceladas,
suaves toques de color,
y, sobre todo,
una sensibilidad excepcional,
Edith Holden
construyó, día a día,
un legado único:
La idea
de que es posible vivir
 rodeados de naturaleza,
sin perturbarla...











(Archivo: cuevadelcoco).








miércoles, 11 de enero de 2017

Poema de las viejas calles...






Casco histórico. Jaca.



"Poema de las viejas calles".

De nuevo, peregrino
enfermo de nostalgia,
regreso al escenario
de días infantiles...

Aquellas viejas calles,
perdidas para el mundo,
de nombres olvidados,
grises, impersonales...

Cuando en mi adolescencia,
difícil, solitaria,
soñaba con remotas
arenas soleadas,
lo hacía, recorriendo
las estrechas aceras,
los húmedos portales
y los oscuros patios...

A veces, unos ojos
posaban en los míos
su suave terciopelo,
y unidas nuestras manos
en el fugaz crepúsculo,
vagábamos sin rumbo,
susurrando palabras
tiernas de enamorados...

En los largos inviernos,
de nieves y de heladas,
cuántas ráfagas frías
azotaron mi rostro...

Viejas calles, amaba
la huella que los años
dejaba en vuestros muros,
mientras os bendecía
por acogerme siempre
y acallar las tormentas
turbias del pensamiento,
temporales del alma...

De nuevo, peregrino
y náufrago del tiempo,
me refugio en vosotras,
mis silenciosas calles...











(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).















martes, 10 de enero de 2017

Mafalda...decepcionada...





"Mafalda", por Quino.


¡Cuántas ilusiones depositamos
en el año que llega...!

¡Cuántas decepciones nos deja
el año que se va...!

Despedir el año viejo alegremente...,
está bien...

Nos libramos de una carga
de sinsabores variados...

Recibir el año nuevo alegremente...,
pues...no sé...

¿Y si nos sale
el tiro por la culata...?

En la noche vieja,
jugamos a la lotería con el tiempo...

Apostamos por algo
que desconocemos por completo...

No estamos muy cuerdos, no...

La mayoría de las veces,
no nos toca ni la pedrea...

¡Pero seguimos apostando...!











(Archivo: cuevadelcoco).


"UN DÍA DE DICIEMBRE". (4).





Estación de Jaca.
Dibujo de Mateo Lahoz.



La pequeña ciudad, tan cerca de la frontera, y tan lejos del resto del mundo, comenzaba su letargo a principios de septiembre. De pronto, una mañana, la Montaña, aparecía oculta tras una masa de nubes, y comenzaba a caer una lluvia mansa, fría y menuda, insistente, continua… Como un melancólico llanto de los cielos…, una despedida de las brillantes jornadas estivales, llenas de luz y de alegría… Y, cuando la lluvia cesaba, todo era distinto. Se percibía el inconfundible aroma del otoño. En ocasiones, septiembre se rebelaba, y regresaba el calor. Pero las sombras del atardecer llegaban antes, y las noches eran más frescas. Comenzaban a cerrarse lentamente, ventanas y balcones, porque la brisa de la madrugada, ya no era un soplo dulce y gratificante. El viento, ahora, obligaba a buscar refugio tras las primeras mantas, que regresaban poco a poco, haciendo su camino de vuelta, desde el fondo de los armarios. Y los veraneantes, retornaban a sus lugares de origen. La pequeña ciudad, conocedora de inviernos prematuros, recordaba aquella nevada, caída un doce de octubre, mientras la capital aragonesa, celebraba la plenitud de sus fiestas.
“Aquí nunca pasa nada…” La frase preferida, utilizada para remarcar el hecho de un continuísmo cerrado a toda novedad, como no fuera la moda, el recién estrenado cine sonoro, y otras inocuas distracciones. Efectivamente, nunca pasaba nada… Nuevos seres venidos al mundo…, y otros, agotados por el cotidiano esfuerzo de vivir, acumulado a lo largo de décadas, que lo abandonaban. Por lo demás, cada primavera, se formaban nuevas parejas. El amor, incontenible, despertaba, al recibir la caricia del sol, un año más.
¡Ay, la ciudad, con las imponentes montañas del Norte, y, al Sur, la Montaña por antonomasia…, tan querida de todos…!
El viajero, en su tibio refugio, escuchó lo que le parecieron estampidos de cohetes, rompiendo el alba, que llegaba lenta, muy lenta…
“¿Cohetes…? ¿Qué fiesta es hoy…?”, se preguntó, mientras intentaba salir de la pesada somnolencia, en la que todavía se encontraba sumido. En cuestión de segundos, se hizo cargo de la situación. Y, mientras se incorporaba, dijo, entre dientes: -¡Ondia! ¡Ya está liada!
Saltó de la cama, y se acercó a la ventana con cierta reserva. Los cristales, velados por la escarcha, le impidieron observar lo que pasaba en la calle. El presentimiento, que le había acompañado desde la mañana anterior, muy a su pesar, se había cumplido.
“¡Y ahora qué, y ahora qué…! ¡Todo se ha hecho mal, chapuceramente…! ¡Con prisas y sobre la marcha…! ¡La impaciencia, siempre la impaciencia…! Y ahora…¿quién arregla esto..?”
Dos horas antes del amanecer, la menor de las Fuenclara, salió al rellano con sigilo, cerrando la puerta cuidadosamente, para que su hermana, no tuviese tiempo de interponerse en su decisión. “¡Malnacidos…! Ya les voy a dar yo…ya les voy a dar…” Crujían los escalones de madera, en el tramo que llevaba al desván, creek, creek, creek, y le pareció que se iban a despertar todos los habitantes de la casa. Pero no fue así. Había aceitado la cerradura y las bisagras, operación que repitió durante varios días. Efectivamente, la precaución funcionó. El “máuser” elegido para la ocasión, estaba envuelto en unas cortinas ya en desuso, y colocado tras una pintura, que representaba un pasaje bíblico: Moisés, apartando las aguas, con la ayuda del Todopoderoso. A pesar de la capa de polvo y suciedad, la escena no dejaba lugar a dudas. Un ancho marco, servía de realce al suceso. Ahora, marco y pintura, formaban un todo inseparable. El “máuser”, sólido, pesado, de robusto cerrojo, no se había disparado desde finales del siglo anterior. Claro, que, aquellas armas, fueron hechas para resistir varias guerras seguidas… Sólo la K-98 alemana, llegó a superarla en eficacia y durabilidad. La menor de las Fuenclara, se ajustó un recio correaje, con cuatro estuches de cuero, dos a cada lado, sobre el abrigo de lana, llenos de cargadores al completo. Y un revólver, en su funda, llevado a modo de bandolera, también con su dotación de proyectiles. Con cuidado, accionó el cerrojo del fusil, percibiendo el sonido de una bala, entrando en la recámara, suavemente. Y al devolver el cerrojo a su posición inicial, supo que desde ese momento, nada ni nadie, podría  hacerla retroceder.
El reloj de la torre, dio primero los cuartos. Luego, ocho campanadas sonoras y rotundas, que repitió al cabo de un minuto.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que entrara en el desván…? Nunca llegó a saberlo… Fue como si su espíritu volase a un lugar ajeno a las pasiones y emociones humanas… Sólo las campanas la devolvieron a la realidad… Muchos años después, aún se preguntaba en ocasiones, sobre ese limbo en el que estuvo, sin hallar jamás una respuesta…
En la calle, las farolas seguían encendidas…  Un grupo de civiles armados, apareció ante ella, y, antes de que salieran de su asombro, comenzó a disparar. Lo hacía de modo sistemático, como un soldado habituado al manejo de las armas… Fríamente, con pasmosa seguridad. Los civiles, se pusieron inmediatamente a cubierto. Ella, se refugió en el hueco de un portal, y, cuando asomó la cabeza, varios proyectiles pasaron silbando. Silencio. Luego, voces  que se aproximaban. De manera impulsiva, se plantó en el centro de la calle, y abrió fuego. Gritos, pasos precipitados, y, nuevamente, el silencio… Un hombre, corría por la acera del palacio episcopal. Sin duda, tenia miedo, porque se deshizo del fusil, que cayó en la calzada, produciendo más ruido del que hubiera deseado su portador.
La menor de las Fuenclara, intentó abatirlo, pero el cargador se hallaba vacío. Cuando recargó el arma, aquel hombre ya se hallaba lejos. A salvo de su implacable puntería.
Continuó su avance, hasta llegar a los porches de la plaza. La ciudad, completamente desierta, mantenía cerradas puertas y ventanas. Algún disparo aislado, lejos de allí.
Oyó pasos tras ella, y se volvió, accionando el cerrojo al mismo tiempo. El Padre Amadeo, llevando el Viático en una bolsa de cuero, que apretaba contra su pecho, se acercaba con paso mesurado y firme.
Con un gesto, le indicó que regresara a su casa. Inclinando la cabeza, en señal de respeto, lo vio alejarse, en busca de muertos y heridos…
Sintió frío… No se había dado cuenta, hasta ese momento, de que tenía las manos heladas, y de que el “máuser” pesaba demasiado…

(Sigue un epílogo…)











(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz).








lunes, 9 de enero de 2017

Dioses de barro...






Demasiados dioses de barro...

Demasiados dioses
de frágil arcilla,
inconsistente y quebradiza...

Los hallamos en todas partes...

En la política,
en las artes visuales,
en la musica,
en el deporte,
en la economía...

No hay campo del saber humano,
donde no aparezcan...

No hay lugar en este mundo
donde no surjan 
y se multipliquen
como la cizaña...

Tienen sus momentos de gloria...

¡Pero tan fugaces...!

Cuando caen,
se fragmentan en mil pedazos...

Y, entonces,
muestran su verdadero rostro...

Sólo son marionetas...,
guiadas por hilos invisibles,
como la vanidad,
la ambición,
la envidia y la soberbia...

Creen que nunca caerán...

Que son 
indestructibles y eternos...

Pero, sus pobres cimientos,
ceden muy pronto...

Basta un leve temporal...,
una adversa tarde de lluvia...

Y se desploman sobre el fango...

¡Demasiados dioses de barro...!

Hechos de una arcilla tan despreciable,
que ningún alfarero
trabajaría con ella...











(Archivo: cuevadelcoco).





sábado, 7 de enero de 2017

Enero...ianuarius...





As, moneda de la república romana,
acuñada por Pompeyo Magno,
representando a Jano Bifronte,
el dios de las dos caras.

Enero..., ianuarius para los romanos,
que dedicaron este mes
al dios Jano...

Para ellos, también era 
el dios de las puertas...,
con cierto carácter protector...

Llegó la Navidad,
que, como siempre,
ha pasado igual que un sueño...

La festiva brevedad del Año Nuevo,
cuyo recuerdo
va quedando atrás...

Y la mágica e ilusionada
Noche de Reyes...

Y, de manera inevitable,
reanudamos el ciclo de los días...,
el retorno a lo rutinario...,
no sin cierta nostalgia...

¿Qué nos traerá Enero-Jano...?

¿Cuál de sus dos caras
nos será más favorable...,
tal vez las dos...?

Enero es el umbral del año...,
por el que nos adentramos 
en lo desconocido...

Siempre aparece como un mes inquietante...

Edith Holden, nos recuerda 
que "enero es el mes más frío,
y también el más sombrío..."

El camino hacia la luz,
se hace largo y lento...

¡Enero...!

¡Todo está dormido...!











(Archivo: cuevadelcoco).






lunes, 2 de enero de 2017

Capitel del Rey David. Catedral de Jaca...





"Capitel del Rey David",
conocido popularmente
como "el de los músicos".
Lonja menor 
de la Catedral de Jaca.


¡Cuántas veces me he parado
a contemplar este capitel,
graciosamente tallado,
provisto de un desenfado
y de una dinamicidad,
que sorprenden,
dada la época
en que, merced a las manos
de un habilidoso cantero, 
pasó, de simple roca,
a obra de arte...!

Lo habré dibujado
innumerables veces...

Y fotografiado,
¡quién sabe ya...!

Bajo la luz gris y fría
de una mañana de invierno,
con el implacable sol
de un mediodía de agosto...

Pero siempre me ofrece
nuevos matices...,
siempre se hallan en él
aspectos insospechados...

Música de siglos,
transmutada en piedra...











(Archivo: cueva del coco.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).