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domingo, 5 de mayo de 2013

Las madres en la pintura... (7)



Los grises y los blancos
se maniestan
en todos su matices...

Una luz amable...

La cabeza de la joven madre,
descansando sobre la almohada,
mientras contempla, arrobada al recién nacido,
sirve de contrapunto,
y equilibra la composición...

El rostro del niño, o de la niña, 
se insinúa más que se afirma...

Sorolla, sabía trabajar los blancos 
como contados pintores lo han hecho...

En esta obra, prima la sencillez,
el buen hacer 
que demuestra su gran oficio de pintor...

Suficiente para lograr una obra maestra...

Joaquín Sorolla y Bastida,
nació en Valencia en 1863,
y murió en Cercedilla en 1923.




(Archivo: cuevadelcoco).

Las madres en la pintura... (5)



Esta maternidad de Pablo Ruiz Picasso,
con trasfondo mitológico,
resulta desgarradora,
inquietante...

Más parece un lamento...,
o una premonición...,
que una maternidad al uso...

Dramática obra,
cuyo tratamiento, 
casi monocromático,
le confiere  un dramatismo 
de carácter atemporal...




(Archivo: cuevadelcoco).

Las madres en la pintura... (4)



"Maternidad".

Amedeo Modigliani.

Livorno, Italia, 1884,

París, 1920.

Un fondo escueto,
resuelto en grises...

Y, sobre él,
la imagen de una madre
acunando a su hijo...

Sólo en ella aparecen
unas breves superficies de rojo intenso...

El conjunto,
es de un intimismo conmovedor...




(Archivo: cuevadelcoco).

Las madres en la pintura... (3)



"Maternidad".

Gustav Klimt.

Baumgarten, Imperio Austrohúngaro, 1862,

Viena, 1918.






(Archivo: cuevadelcoco).



Las madres en la pintura... (2)



Una obra de Stanislaw Wyspianski, 
Cracovia, 15 de enero de 1869,
Cracovia, 28 de noviembre de 1907.

Una madre dando el pecho a su hijo,
amorosamente,
transmitiéndole la esencia de sí misma,
para que pueda crecer fuerte, sano y feliz...

Es un tema muy frecuente en toda la historia del Arte,
pero, siempre se ha tratado con la máxima delicadeza,
intimidad y ternura...




(Archivo: cuevadelcoco).

Las madres en la pintura... (1)



Siempre he sentido una especial fascinación 
por esta obra de James Abbot McNeil Whistler...

El retrato de su madre...

Posando, de perfil, sobre un fondo severo,
ataviada de negro, y, sin embargo,
se advierte el cariño que el pintor sentía por ella...

La ha plasmado en un momento de calma, 
uno de esos instantes familiares e inolvidables...

No la ha adornado de flores ni la ha colocado
en un ambiente deslumbrante...

Al contrario...

Ha elegido para ella el entorno más sencillo...

Pero de esta pintura se desprende una luz especial,
una aureola de serenidad,
de bondad y de comprensión,
que, acaso, fueron los motivos 
que impulsaron a Whistler 
a realizar este incomparable retrato retrato...




(Archivo: cuevadelcoco).

5 de Mayo: Día de las madres...



La Cueva del Coco al completo,
desea un feliz Día de las Madres, 
a todas las que lo son, 
a todas las van a serlo o lo serán en un futuro próximo,
a todas las que lo han sido, y lo son por segunda vez, 
es decir, las abuelas...

A todas ellas, abnegadas, entregadas en cuerpo y alma
al cuidado de sus hijos,
capaces de dar la propia vida por ellos si fuere necesario...

¡Las madres...!

Símbolos del amor desinteresado,
paradigmas de bondad,
que llevan el perdón en los labios...,
que disculpan y nos han disculpado,
aun antes de cometer nuestros errores...

¡Las madres...!

Continuidad del mundo y de la vida...

A todas ellas:

¡¡¡MUCHAS FELICIDADES!!!




(Archivo: cuevadelcoco.
Pintura de Emile Munier,
París, 2 de junio de 1840 - París, 26 de junio de 1895).


Haruki Murakami: "Después del terremoto".



Sin darnos cuenta, ya estamos en mayo...

¡Cómo pasa el tiempo...!

Y hoy, cuando son las seis de la mañana, he terminado de leer
el último libro de Haruki Murakami: "Después del terremoto".

Lo comencé anteayer, por la noche...

No es ninguna hazaña...

Ciento veintiuna páginas, no es ninguna proeza...

Además, cuando las cervicales me quitan el sueño,
lo mejor que puedo hacer, es adentrarme en un libro,
y así, en ocasiones, hasta he llegado a comprobar 
que el dolor se aleja, y no necesito recurrir 
al consabido "ibuprofeno"...

Bueno, que pretendo hablar de la última obra de Murakami, 
no de mí...

Lo vi en una la librería, por pura casualidad, y no pude resistir la tentación...

Se trata de un libro de relatos. 
¡Vaya sorpresa...!

A veces, parece que las cosas suceden por casualidad, 
pero cada vez estoy más convencido de que no es así...

Porque, la semana anterior, había leído "Baila, baila, baila...",
también del autor japonés...

No sé..., es mucha casualidad...

En fin, intentaré seguir...

En 1995, un terremoto asoló la ciudad de Kobe, 
segando la vida de más de cinco mil personas...
Murakami, motivado por este hecho, 
terrible y ciegamente destructor,
elabora seis relatos, 
con el terremoto como punto de unión entre ellos...

Las escenas que describe, 
se refieren a seres humanos que han vivido la tragedia,
pero no allí donde sucedió, 
sino en una relativa distancia...

Hombres y mujeres, 
con una existencia tan desgarrada a veces,
que es como si hubieran sufrido el zarpazo
negro e imprevisible,
de un seísmo interior,
que los ha zarandeado 
hasta el punto de cambiar sus vidas por completo...
De sacar de las entrañas de su mentes,
circunstancias y actitudes 
que los impulsan a actuar
como nunca hubieran pensado que lo harían...

Amor, muerte, desilusión,
incluso algo de magia...

Tragedias individuales, 
que emocionan, que colocan al lector bajo su influjo,
y hacen que dejar su lectura
sea poco menos que imposible...

El caso es que cualquiera puede verse reflejado
en los personajes de Murakami...
Cualquiera...
Porque son terrible y dolorosamente humanos...

¡Y quién no tiene más de una cicatriz en el alma...!

Por eso, el atractivo de "Después del terremoto",
se basa en el reflejo de los momentos crueles de la vida...

Que los hay...

Nadie puede afirmar que es, o ha sido,
completamente feliz...

Nadie...

Haruki Murakami, a quien sigo desde la inolvidable novela
"Kafka en la orilla",
a través de una prosa desenfadada,
plena de todo lo cotidiano,
nos induce a pensar...

A vivir seis intensas experiencias,
que dan la impresión de ser imborrables,
encerradas en una situación
de perpetuo sufrimiento...

Sólo en el último relato,
parece desprenderse de ese "sentimiento trágico",
que configura el conjunto de la obra...

Dejando un pequeño hueco por donde pueda aparecer una luz esperanzadora,
o huir a través de él, 
hacia días mejores y más brillantes...

Ha pasado una hora mientras escribía estas líneas...

El día ha desplazado a la noche...

Y, compruebo, para mi contento,
que, ahora, no siento ningún dolor...

Y, aunque tarde, el sueño se acerca...




(Archivo: cueva delcoco).