sábado, 30 de mayo de 2009

¡Qué país..!


Este pobre país donde vivimos, ha entrado en una espiral de irracionalidad como nunca hubiéramos sospechado.
Se quema la bandera, se pita el himno nacional, se ofende la figura del Rey, Y NO PASA NADA.
Se puede ser terrorista, banquero fraudulento, concejal o alcalde corrupto y lleno de oscuros chanchullos, todos montados sobre la base del dinero, Y NO PASA NADA.
Pero, lector que me sigues, no se ocurra refrescarte los pies en un día caluroso de verano, en el agua de una fuente pública, o cortar esa rosa que has visto en un jardín, y que no has podido resistir la tentación...
No lo hagas, que te caerán encima todos los demonios y sicarios de la administración del estado, y te fulminarán como a un insecto.
¡Refrescarse los pies!
¡Cortar una rosa!
Sin embargo, tras un partido de futbol, el mobiliario urbano sufre agresiones millonarias, causadas por una malentendida euforia, Y NO PASA NADA.
Estamos en la era de la sinrazón. Estamos en el tiempo de lo ilógico.
Nuestros políticos, en vez de hallar soluciones, se insultan, se escarnecen unos a otros, se erizan como gallos de pelea, y dan un triste espectáculo.
Esto es la EX-PAÑA.
Bienvenidos todos a la locura más desenfrenada.
Ya no tenemos país..., ni nada...

martes, 26 de mayo de 2009

Un pueblo (3)


Decíamos que el Filósofo vive cerca de un pequeño pueblo.

Un pueblo que ya he descrito.

Hoy os contaré algo más.

El párroco se llama don Mariano, y anda ya para cumplir los sesenta.

Apareció una tarde de otoño, en el autobús de línea, hace tantos, tantísimos años, que ni los más viejos del lugar lo recuerdan con seguridad.

Poco a poco se fue haciendo un lugar entre la gente.

La verdad es que su carácter, manso, callado, sencillo, amable, ayudó mucho.

En esta tarde de mayo, aunque hace un poco de viento, se sienta a la puerta de la rectoría, y mira a lo lejos, al horizonte, mientras va cayendo la tarde lentamente.

Saluda a los que lo saludan, intercambia unas palabras, y luego, de nuevo, vuelve a sus pensamientos.

Hace unos pocos años, tres o cuatro, murió su madre, que vivía en la capital.

D. Mariano le insistía continuamente en que se fuera a vivir con él, para que no estuviera sola.

Ella, se obstinaba en no querer abandonar su sencilla vivienda, tan llena de recuerdos, de fotografías en las paredes, el viejo aparato de radio que amenizaba sus solitarias veladas, el televisor pasado de moda que llevaba años ovidado, como si no hubiera existido nunca...

Con todo, su hijo la visitaba una vez por semana, y ella le preparaba sus platos preferidos, ese postre tan rico, y le ponía en las manos una caja de pastas caseras.

-Para que desayunes después de la Misa...

Y él, obediente, volvía a su parroquia tras besar sus mejillas de viejecita enlutada...

En una de las últimas visitas, mientras permanecían sentados uno frente a otro en el saloncito, su madre le dijo:

- Marianito, estoy muy cansada...

- Claro, no dejas que nadie te ayude... Vente conmigo y estarás mejor atendida que en ninguna parte...

-Ay, no, que se secarán las flores, y el canario tiene que comer y hay que cambiarle el agua todos los días...

Era su forma de expresar que quería pasar allí sus últimos días.

Que amaba las estancias vacías, la cocina anticuada, el balcón junto al que se ponía a repasar la ropa, y desde donde se veía la sierra...

El último viaje que hizo D. Mariano, fue una despedida...

Su madre comenzó a encontrarse mal.

Llamó al médico, ese médico de la familia que seguía ejerciendo su labor, subiendo y bajando escaleras, atendiendo a sus enfermos y visitando a sus amigos aunque no lo necesitaran.

-Mira, Mariano, se está apagando...

Y, acongojado, con el corazón dolorido, obtuvo permiso de sus superiores para atender a su madre hasta el final.

Fue cosa de pocos días.

La viejecilla se apagó como una humilde velita consumida, y partió hacia otros lugares más luminosos y duraderos.

Sus ojos se cerraron y su último gesto fue una dulce sonrisa...

Que el sacerdore recogió en su memoria como el regalo más valioso que hubiera recibido jamás.

Cerró el piso, dejó las llaves a una vecina de confianza, y volvió a su parroquia...

El tiempo ha ido mitigando el humano dolor, pero cada día, tiene una oración para ella.

Anochece, y D. Mariano, como todos los días, pasea por el pueblo con las manos en los bolsillos de la sotana.

- Eso de vestir de "paisano" no me gusta del todo... Además, la sotana es más cómoda...

Un puñado de chiquillos interrumpe su paseo.

-Don Mariano, Don Mariano..!

Y el cura les reparte caramelos y golosinas, porque ya sabe que es eso lo que quieren. Luego, se van corriendo, como eleva el vuelo una bandada de gorriones.

Y él, emprende el camino de la rectoría, porque ya es de noche.

D. Mariano ha bautizado, ha dado la Comunión a niños y enfermos, ha casado a todas las parejas que así lo quisieron, y ha acompañado a su último lugar a quienes fueron llamados a la otra vida.

Sabe mucho, quizá más que muchos pensadores, sobre la vida, el amor y la muerte.

Lo ha aprendido de sus gentes, a fuerza de vivir con ellos, de compartir sus vidas, sus ilusiones,

sus penas y alegrías...

Algunos dicen que es un santo... Algunos le han dicho que es un santo...

-¿Santo yo? Que Dios me perdone... No, no, yo no soy un santo ni lo seré nunca...

- Que sí, que hasta el obispo lo dice, que usted merecería ocupar su lugar...

Y D. Mariano no quiere ni pensarlo...

Es feliz donde está y siendo lo que es...

Llegado a la rectoría, abre la puerta, que nunca cierra con llave, se prepara una ligera cena, y se sienta en un viejo sillón a leer el periódico...

Y se acuesta cuando siente que el sueño comienza a vencerlo, con una oración en los labios y muchos recuerdos en la mente...



sábado, 23 de mayo de 2009

De libros...


José Luis Corral, con esta última entrega, pone fin a la saga de Francisco de Faria, conde de Castuera, que comienza en "Trafalgar", continúa en "!Independencia¡" y termina en "El rey Felón".
Este título hace referencia a Fernando VII, de apodo "el Deseado", quien, tras doblegarse ante
Napoleón, hace caso omiso de la Constitución aprobada por las Cortes de Cádiz, y culmina su serie de desmanes reinstaurando la Inquisición.
Es una novela de tinte oscuro, plagada de violencia y dsengaños, de traiciones y frustraciones.
Magistralmente desarrollada por este ya reconocidísimo autor, quizá uno de los que mejor se desenvuelven en el difícil campo de la novela histórica, siempre en equilibrio entre la necesaria documentación y el hilo narrativo capaz de mantener la atención del lector.
Francisco de Faria es un hombre íntegro, que rechaza la injusticia, la violencia innecesaria, y que se opone de corazón a todo lo que pueda herir la dignidad y causar dolor entre los hombres.
Esta actitud le ocasionará múltiples conflictos, y se verá obligado a tomar el amargo camino del exilio, aunque quizá para él más que exilio sea una senda de esperanza para reconstruir su vida
lejos de los escenarios donde amó, sufrió y combatió.
José Luis Corral no puede dejar de hacer una reflexión, cruda y sombría, sobre esta época sangrienta a través de su personaje y de cuantos configuran la historia, mostrando al ser humano propicio a dejarse llevar por sus más bajas pasiones.
El análisis de este período denuncia las consecuencias del desgobierno, de la debilidad y egoísmo de los gobernantes, siendo, como siempre el pueblo llano, quien inevitablemente padece en su impotencia.
"El rey felón", culmina brillantemente la saga. Han sido años de intensa labor, pero su autor puede sentirse satisfecho. Ha logrado su objetivo con plenitud.
Enhorabuena.
Todavía se esperan más entregas de este novelista de Daroca, que, seguro que nos conducirá a
otras epocas donde vivir a través de su creatividad momentos apasionantes .

jueves, 21 de mayo de 2009

Los padres ya no pintan nada...


A este paso, serán un cero a la izquierda.
Con el asunto del aborto de las adolescentes a partir de los 16 años, sin el consentimiento de sus padres, la familia se va a convertir en una especie de putiferio, un desmadre y una descolocación de los roles que hasta ahora venían existiendo, cada vez más recortados, eso sí.
Inluso existe la posibilidad de que la niñata en cuestión, denuncie a sus progenitores por intentar intervenir, no ya de hecho sino tan sólo de palabra, en una decisión que el gobierno le concede tan alegremente, y que sólo le compete a ella.
En fin, un desastre.
No bastaba con la píldora del "día después", que parece tener sus riesgos, y sin embargo se facilitará de la misma manera que se expenden refrescos.
Ahora, abortos al por mayor.
Y yo me digo si esto es una democracia seria, o un espectáculo circense, con perdón de los circos,
que se ganan honradamente su jornal.
Una democracia excesivamente permisiva como la nuestra (siempre y cuando las permisividades le convengan al gobierno), puede ser una catástrofe. Por otro lado, corte usted una ramita de boj,
o de cualquier especie protegida, y puede costarle un disgusto, aunque lo haya hecho inadvertidamente, como acto reflejo, por costumbre...
Son contrastes que demuestran el desquicie en que vivimos.
Una vez cité esta frase: "El infierno es la negación de la razón".
Pues este país, camino lleva.

El feto de Bibiana - Opinión - La Opinión de Zamora

El feto de Bibiana - Opinión - La Opinión de Zamora

He recogido este comentario, cuyo autor es Delfín Rodríguez, porque me parece lo suficientemente expresivo y esclareceder, acerca del "talante" científico, legal, intelectual y otras muchas cosas, de la Sra. Ministra para la Igualdad, Doña Bibiana Aído Almagro, que, junto a otros especímenes igualmente exóticos conforman el equipo de D. José Luis Rodríguez Zapatero, conocido últimamente como "el Solitario".
Lector, si tiene usted interés en leer este artículo, haga clic arriba, en la línea subrayada y diviértase un rato.

lunes, 18 de mayo de 2009

domingo, 17 de mayo de 2009

Desde mi ventana...


La llamábamos la torre del reloj...
Mi tío Gregorio subía una vez por semana a "darle de comer", como él decía...
Día y noche daba las horas, las medias y los cuartos...
En las noches de invierno, cuando sus campanadas invadían el silencio, entre sueños, era
como un viejo amigo que nos hacía sentirnos menos solos...
Tomé esta fotografía unos días antes de que lo desmontaran...
Intuición,,,, pura casualidad...
¡Quién sabe..!