miércoles, 8 de julio de 2020
Tardes junto al río.
"El río de un verano".
Obra de Mateo Lahoz.
Aquel verano tuve un amigo.
Amigos, lo cierto es que tenía varios,
pero, yo no sé por qué,
me encontré sin ninguno.
Una tarde de principios de junio,
vino a casa con una caja llena de tebeos.
y, en mi cuarto, comenzamos a leer.
"¿Quieres que quedemos mañana...?", me preguntó.
Y al día siguiente, sobre las diez,
vino a buscarme.
Después del atracón de tebeos,
yo necesitaba un libro,
ese libro en el que iba por la mitad.
Él también llevaba uno.
Y nos fuimos a un lugar fresco y acogedor,
bajo los pinos de la avenida que daba al valle.
Las montañas, al norte, aún conservaban manchas de nieve.
Esa tarde, fui yo a su casa,
vivíamos cerca.
Y de allí, comenzamos la primera de las exploraciones
a lo largo del río, del más pequeño,
pródigo en ranas, de pececillos,
de pozas que parecían bañeras naturales,
llenas de agua tibia.
¡Junio...!
Todo un verano por delante...
¿De qué hablábamos...?
Recuerdo confusamente aquellas conversaciones,
intercambio de recuerdos,
de ilusiones y esperanzas...
El futuro aún se encontraba lejos.
Mientras, las aguas iban desvelando sus secretos:
Las charcas preferidas de las ranas,
los remansos habitados por los peces,
siempre nerviosos, siempre inquietos,
asustadizos y desconfiados
En algún lugar, junto a la orilla,
sentados en alguna piedra plana,
devorábamos nuestras meriendas.
La luz de la tarde se tornaba dorada.
Callábamos entonces,
contemplando el ocaso,
reflejado en el agua.
En cierta ocasión,
atrapamos una rana.
Nos miraba con sus ojos saltones,
asustada quizás.
Y la devolvimos al agua.
Luego, el regreso.
"¡Hasta mañana...!"
"¿Como siempre...?"
No hacía falta preguntarlo.
¡Las chicas...!
Alguna vez, hablábamos de ellas,
y callábamos...
Acaso un rostro
de quien ya dejaba de ser niña.
Una sonrisa leve.
Una mirada fugaz.
Pero, luego, pasaban al olvido.
La belleza de la tarde,
era mucho más cautivadora en ese momento...
Julio y agosto pasaran como un sueño,
un breve y dulce sueño.
Las tormentas de septiembre,
seguidas de una lluvia fina y constante,
nos retenían en casa.
Después,
el inconfundible olor del otoño.
Sí, ese verano tuve un amigo...
¿Dónde estás ahora,
compañero de pequeñas aventuras,
tarde tras tarde...?
Te recuerdo,
y deseo que tu vida
haya sido y siga siendo feliz.
(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: Mateo Lahoz).
Amigos, lo cierto es que tenía varios,
pero, yo no sé por qué,
me encontré sin ninguno.
Una tarde de principios de junio,
vino a casa con una caja llena de tebeos.
y, en mi cuarto, comenzamos a leer.
"¿Quieres que quedemos mañana...?", me preguntó.
Y al día siguiente, sobre las diez,
vino a buscarme.
Después del atracón de tebeos,
yo necesitaba un libro,
ese libro en el que iba por la mitad.
Él también llevaba uno.
Y nos fuimos a un lugar fresco y acogedor,
bajo los pinos de la avenida que daba al valle.
Las montañas, al norte, aún conservaban manchas de nieve.
Esa tarde, fui yo a su casa,
vivíamos cerca.
Y de allí, comenzamos la primera de las exploraciones
a lo largo del río, del más pequeño,
pródigo en ranas, de pececillos,
de pozas que parecían bañeras naturales,
llenas de agua tibia.
¡Junio...!
Todo un verano por delante...
¿De qué hablábamos...?
Recuerdo confusamente aquellas conversaciones,
intercambio de recuerdos,
de ilusiones y esperanzas...
El futuro aún se encontraba lejos.
Mientras, las aguas iban desvelando sus secretos:
Las charcas preferidas de las ranas,
los remansos habitados por los peces,
siempre nerviosos, siempre inquietos,
asustadizos y desconfiados
En algún lugar, junto a la orilla,
sentados en alguna piedra plana,
devorábamos nuestras meriendas.
La luz de la tarde se tornaba dorada.
Callábamos entonces,
contemplando el ocaso,
reflejado en el agua.
En cierta ocasión,
atrapamos una rana.
Nos miraba con sus ojos saltones,
asustada quizás.
Y la devolvimos al agua.
Luego, el regreso.
"¡Hasta mañana...!"
"¿Como siempre...?"
No hacía falta preguntarlo.
¡Las chicas...!
Alguna vez, hablábamos de ellas,
y callábamos...
Acaso un rostro
de quien ya dejaba de ser niña.
Una sonrisa leve.
Una mirada fugaz.
Pero, luego, pasaban al olvido.
La belleza de la tarde,
era mucho más cautivadora en ese momento...
Julio y agosto pasaran como un sueño,
un breve y dulce sueño.
Las tormentas de septiembre,
seguidas de una lluvia fina y constante,
nos retenían en casa.
Después,
el inconfundible olor del otoño.
Sí, ese verano tuve un amigo...
¿Dónde estás ahora,
compañero de pequeñas aventuras,
tarde tras tarde...?
Te recuerdo,
y deseo que tu vida
haya sido y siga siendo feliz.
(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: Mateo Lahoz).
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CuevadelCoco,
Tardes junto al río.
jueves, 25 de junio de 2020
Los primeros versos. 3
"Après la pluie".
Obra de Mateo Lahoz.
Está lloviendo en la tarde de verano.
Pasó del mediodía el calor seco.
Y el agua va llenando los jardines
de charcos, que serán espejos.
Se respira humedad adormecida
y el tenue olor de la tierra mojada.
Las últimas gotas de la lluvia
por las hojas resbalan.
............
Un verano, un lejano verano.
Para soñar, leer, recorrer los caminos desiertos,
unas veces solo, acompañado otras.
Cómo era yo entonces...?
Entre adolescencia y juventud,
quizás hubiera un rostro, unos ojos, una sonrisa,
desvanecidos en las brumas del tiempo.
Era incierta la senda de mi vida.
Pero..., alguna vez deja de serlo...?
(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: Mateo Lahoz).
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CuevadelCoco,
Los primeros versos. 3
miércoles, 24 de junio de 2020
Juan, el Precursor: 24 de Junio.
Juan, "la voz que clama en el desierto".
Protagonista de muchas obras,
realizadas por pintores
de todas las épocas.
"San Juan Bautista en el desierto".
Hieronymus Bosch, "el Bosco".
"San Juan Bautista".
Francisco Pacheco.
"San Juan Bautista".
Leonardo da Vinci.
"San Juan Bautista".
Jusepe de Ribera, "el Españoleto".
"San Juan Bautista".
Phillippe de Champaigne.
"San Juan Bautista niño".
Jean-Auguste-Dominique Ingres.
"San Juan Bautista".
Domenikós Theotócopouli, "el Greco".
"San Juan Bautista en el desierto".
Bartolomé Esteban Murillo.
"San Juan Bautista".
Hans Memling.
"San Juan Bautista".
José Gutiérrez de la Vega.
"Bautismo de Cristo".
Giotto di Bondone.
(Archivo: cuevadelcoco).
Jusepe de Ribera, "el Españoleto".
"San Juan Bautista".
Phillippe de Champaigne.
"San Juan Bautista niño".
Jean-Auguste-Dominique Ingres.
"San Juan Bautista".
Domenikós Theotócopouli, "el Greco".
"San Juan Bautista en el desierto".
Bartolomé Esteban Murillo.
"San Juan Bautista".
Hans Memling.
"San Juan Bautista".
José Gutiérrez de la Vega.
"Bautismo de Cristo".
Giotto di Bondone.
(Archivo: cuevadelcoco).
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24 de Junio de 2020,
CuevadelCoco,
el Precursor: 24 de Junio.,
Juan
miércoles, 17 de junio de 2020
Confesiones.
Soñé con campos llenos de amapolas,
y no fue más que un sueño. Llegué tarde.
Sentí la soledad en los caminos,
crepúsculos ausentes y nostalgia
de aquellas primaveras que se fueron.
Se ha despedido mayo con tristeza.
Y cuando ya rozamos el verano,
quisiera desandar horas oscuras.
Las golondrinas tiemblan, inseguras,
la hiedra se repliega y ya no avanza
por los muros dormidos. Ruiseñores
marcados por el miedo, ya no lanzan
su amorosa pasión a las las estrellas.
La noche es un cristal de llanto y hielo.
(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlookcuevadelcoco).
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17 de mayo de 2020,
Confesiones.,
CuevadelCoco
Caravaggio: "La negación de Pedro".
"La negación de Pedro"
Michelangelo Merisi, "Caravaggio".
"...antes de que cante el gallo,
me negarás tres veces..."
Y así sucedió.
Pedro, temeroso,
negó conocer a Cristo.
Tres veces.
El gallo cantó al alba,
y Pedro,
recordando las palabras de su Maestro,
lloró amargamente.
Caravaggio, en esta obra,
refleja el momento
en el que Pedro es reconocido
por una de las sirvientas,
con un tratamiento
que aúna el conocimientos del cuerpo humano,
con la utilizacion dramática de la luz.
(Archivo: cuevadelcoco).
Cantan los gallos...
Cuándo fue la última vez...?
Ya no lo recuerdo...
Pero, en mi infancia,
los gallos, con su canto,
anunciaban el nuevo día.
En la garita de la terraza,
teníamos gallos, gallinas,
consejos y palomas.
Y unos cuantos patos.
Uno de los gallos,
era un espléndido ejemplar,
caracterizado por su mal genio,
siempre tendente
a picotearte las manos.
Sólo se dejaba acariciar por mi abuelo,
y hasta aceptaba
los granos de trigo que le ofrecía.
Hace ya mucho tiempo...!
(Archivo: cuevadelcoco).
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17 de Junio de 2020,
Cantan los gallos...,
CuevadelCoco
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