Pearl S. Buck es una gran novelista. La descubrí muy pronto, debía de tener unos diez años cuando leí su primera novela, creo que he olvidado el título, pero bien pudo ser "La madre", por los recuerdos confusos que aún conservo.
"Otros dioses", es una de mis favoritas. En realidad, trata de la enorme fuerza, del inmenso poder de la opinión pública en EEUU.
El protagonista ha conquistado una montaña, pero tiene que conquistar a su vez al público, a un público que lo eleva hasta las nubes, pero que puede dejarlo caer al vacío si observa el mínimo fallo, si se da cuenta de que su héroe puede tener los pies de barro.
Las descripciones que la autora hace de la India, son, sencillamente, extraordinarias. De la misma forma, con igual maestría, describe también la vida en Nueva York, ese inmenso caos donde conviven millones de personas.
La envidia, la codicia, la ira, la lujuria..., creo que ninguno de los siete pecados capitales deja de pasar por este libro.
Pearl S. Buck, autora prolífica, me cautivó muy pronto, y todavía sigo leyendo sus obras. De vez en cuando descubro algún título que no conocía, y para mí es un acontecimiento.
Recomiendo este título, "Otros dioses", porque en él conviven el exotismo del lejano Oriente, con la gris monotonía occidental.
Lo cierto es que "engancha", y una vez el lector se introduce en sus páginas, difícil es que pueda abandonar la lectura.
Su trama es magistral. Habrá otras novelas más conocidas o divulgadas, pero ésta es excepcional.
La escritora norteamericana llega al fondo del alma de sus personajes, saca a la luz sus sueños, sus temores, sus esperanzas, en el mejor estilo de los grandes autores.
No será la primera vez que hable de ella.
sábado, 3 de mayo de 2008
Recuerdo a Walt Whitman...
Hace mucho, mucho tiempo, (esto parece el comienzo de un cuento...), leí por priera vez a Walt Whitman, una antología de sus "Hojas de Hierba", y ya sólo el título me pareció entrañable, por su sencillez, que no simplicidad, no hay que confundir términos.
Hoy, quisiera recordarlo con este poema que escribió sobre 1860:
Hoy, quisiera recordarlo con este poema que escribió sobre 1860:
"Raíces y hojas solas"
Raíces y hojas solas son éstas;
perfumes que llegan a hombres y mujeres desde los bosques inhabitados
y las riberas de los lagos;
acederas y claveles de amor, dedos que se retuercen con más fuerza que los sarmientos;
surtidores de las gargantas de los pájaros ocultos en el follaje de los árboles
cuando el sol ha salido;
brisas de la tierra y del amor que zarpan de las costas vivientes hacia ti,
sobre el mar viviente; !hacia vosotros, oh marineros¡
Fresas mezcladas con hielo y frescos ramos del tercer mes ofrecidos a los jóvenes
que vagan por los campos cuando el invierno ya se retira;
capullos de amor puestos ante ti y dentro de ti, seas quien fueres;
capullos que se abrirán según las normas antiguas.
Si tú les llevas el calor del sol, se abrirán, tomando forma, color y perfume para ti;
si te transformas en alimento y humedad ellos se transformarán en flores, altas ramas y árboles.
Ausencia.
Ha cesado la lluvia y el silencio
invade los jardines perfumados.
El húmedo sendero me conduce
a un mágico lugar que ya he soñado.
Tengo el alma perdida en una tarde,
en el viento dorado del ocaso,
mientras vuelve a la luz de la memoria
la dulzura añorada de tus labios.
!Cuántas veces he vuelto a los jardines
esperando del cielo algún milagro¡
Pero por las desiertas avenidas
sólo escuchaba el eco de tus pasos.
invade los jardines perfumados.
El húmedo sendero me conduce
a un mágico lugar que ya he soñado.
Tengo el alma perdida en una tarde,
en el viento dorado del ocaso,
mientras vuelve a la luz de la memoria
la dulzura añorada de tus labios.
!Cuántas veces he vuelto a los jardines
esperando del cielo algún milagro¡
Pero por las desiertas avenidas
sólo escuchaba el eco de tus pasos.
jueves, 1 de mayo de 2008
Un amigo del coco.

(Es un filósofo. Un hombre solitario, que no espera nada de nadie. Vive en una casa, en el llano, y por un camino estrecho sube hasta la cueva del coco. No hablan apenas. Juegan al ajedrez, y a veces a las damas, que es más divertido. Intercambian libros, y dejan pasar las horas. El filósofo regresa a su casa cuando el sol va a ocultarse. ¿Quién es el filósofo? Yo no lo sé... Le gusta la soledad y el silencio, y en los mediodías se sienta en una roca, junto al camino, y piensa... En ocasiones, escribe. Guarda su cuaderno de notas en una bolsa que lleva colgada del hombro. Allí guarda también otras cosas. Una pluma de un pájaro, unas semillas, flores secas...
Tiene la buena costumbre de devolverle al coco los libros que éste le presta... Porque para ellos un libro es algo muy valioso. Y el coco hace lo mismo...
El filósofo camina lentamente, y se apoya en un bastón de montaña. Conoce las propiedades de las plantas, sabe distinguir a los pájaros por su canto, y jamás hace daño a ningún ser vivo...
Ni él mismo sabe en lo que cree. Sólo está seguro de que le gusta el sol, el viento, el olor de la tierra mojada después de la luvia, los frutos silvestres...
Contaré más cosas del filósofo.)
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