
Incluso en años estudiantiles era poco menos que obligado montar una función con esta obra.
He escuchado muchas versiones radiofónicas y he visto otras tantas televisivas, en los sesenta y setenta.
Y no deja de emocionar el personaje de D. Juan, que, en el fondo es un ser humano y a pesar de su aparente frivolidad y dureza, se siente perturbado ante la bella e inocente doña Inés...
Actualmente, no sé qué derroteros llevará este drama decimonónico, pero seguro que hoy, en algún teatro de España, seguirá conmoviendo a los espectadores...
Y es que, en el fondo, afortunadamente, todavía somos unos sentimentales.
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