jueves, 4 de julio de 2024

Un verano sin tiempo...








 
El tiempo aún no existía para mí...

Las campanadas del reloj de pared, 
sólo eran sonidos que no comprendía...

Me gustaban, sólo me gustaban...

Las estaciones, apenas si me dejaban huella...

Y fue el último verano...!

Recuerdo a la pequeña Silvie,
la dulce y cariñosa francesita,
con la que compartía juegos cada tarde,
hasta que la terraza se llenaba de sombras...

Pero, a mediados de septiembre,
mi abuelita, con toda su buena intención,
me dejó en las manos del hermano Tomàs,
y, entonces, comprendí que el tiempo "se medía",
que el reloj de pared, era un artefacto,
hecho para regular la vida...

Vestía bata de colegial,
de rayas blancas y azul oscuro,
con dos bolsillos donde llevar "cosas"...

La pequeña Silvie llegó durante el verano siguiente...

Dulce y encantadora...

Nuevas tardes de juegos en la terraza,
bajo la parra.
Nuevas y gratas horas,
que la noche interrumpía.

Y Silvie ya no regresó.










(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco.)




Dedicado al yayo Félix, superviviente, como yo,
de aquellos lejanos tiempos.


miércoles, 3 de julio de 2024

Mis poetas: Juan Ramón Jiménez.

 




PASTORAL


He venido por la senda, 

con un ramito de rosas

del campo. Tras la montaña,

nacía la luna roja;

la suave brisa del río

daba frescura a la sombra;

un sapo triste cantaba

en su flauta melodiosa;

sobre la colina había

una estrella melancólica...


He venido por la senda,

con un ramito de rosas.










(Archivo: cuevadelcoco.

Imagen: mirarlook/cuevadelcoco.)



Recuerdos de verano.






 Hubo veranos largos, interminables...

Quizás alguien recuerde
las mañanas junto al pequeño río,
bajo la sombra de aquellos altos
y venerables olmos...

Que ya no están...

Veranos que pasaban y se disipaban
como si fueran fuegos artificiales...

Chapotear en el agua, 
tibia y transparente,
atentos a las ranas y los pececillos...

Alguna nube perdida,
que parecía dibujada,
cruzaba lentamente,
hasta desaparecer, 
más allá de los límites de nuestra vista..

Y así, día tras día,
quemados por el sol,
recorriendo el polvoriento camino de regreso,
anhelando el frescor de la penumbra,
en aquellas habitaciones,
que se llenaban de vida, 
arrojando de ellas
todas las sombras del invierno...

Veranos...!

Larguísimos veranos...!









(Archivo: cuevadelcoco.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco.)

domingo, 26 de noviembre de 2023

A los cuatro vientos...






"La primavera".

Alessandro Felipeppi, "Botticelli".


En esta obra, llena de simbología, 

podemos hallar varios elementos mitológicos.

Los más destacables, son los vientos.

Hay frases y expresiones que han caído en desuso,

quizá porque son sustituídas por otras,

o puede que ya no correspondan al hablar cotidiano.

Una lengua, un idioma, 

es algo vivo, que evoluciones

y nunca permanece estático.

A los cuatro vientos...

"Lo gritó a los cuatro vientos..."

"Lo anunció a los cuatro vientos..."

"Se propagó a los cuatro vientos..."

Y muchas más, usando a los vientos 

como divulgadores ,

acaso portadores de un hecho o suceso...

Pero...¿quiénes eran esas cuatro rachas tan famosas...?

Bóreas, en primer lugar, 

traía y sigue trayendo el frío viento invernal. 

Fuerte y violento, su nombre significa devorador.

Tuvo dos hijas con Erectea,

Quione, o nieve, y Aura, brisa.

Su violencia ha sido evocada por todos los poetas,

desde el mismísimo Homero.

Euro, que viene del este, 

es quien trae el calor y las lluvias de verano.

Noto, viento del sur,

portador de las lluvias de finales de verano,

y también las del otoño.

Finalmente, Céfiro, que sopla desde el oeste, 

y lleva consigo las suaves brisas primaverales.

¡Que tardarán en llegar...!

Cuando vivía en la pequeña ciudad,

cerca de las montañas del norte,

y cuando en invierno se iba alejando,

de pronto, llegaba Céfiro.

Suave, dulcemente perfumado,

arrastrando consigo el perfume de los arbustos en flor...

No siempre era puntual...

Podía adelantarse a finales de febrero,

o retrasarse hasta bien entrado mayo...

Siempre era bienvenido...

Y con él, la esperanza de días soleados,

de tímidas hojas en los árboles,

y de agradables mediodías...








(Archivo: cuevadelcoco).





jueves, 23 de noviembre de 2023

Andanzas escolares: Las Fiestas del Colegio...







"La última Comunión de San José de Caasanz". 

Francisco de Goya.



Tras dos meses largos y rutinarios, 

cuando aún no se había borrado de nuestros ojos

el resplandor de los soles estivales,

y la caricia del agua del pequeño río

donde buena parte de la familia 

íbamos todas las mañanas

en busca de la sombra de los altos álamos,

llegaba un tiempo, que era como un respiro, 

una dulce tregua antes de la Navidad.

Las fiestas de colegio,

en honor del Santo Patrón,

comenzaban en forma de partidos de fútbol,

de alguna sesión se cine,

y, siempre, con el atractivo añadido

de saltarnos algunas clases...

José de Calasanz, 

el fundador de las primeras escuelas cristianas gratuítas,

era para nosotros el abuelito amable y bueno,

el santo al que todos venerábamos,

en mayor o menor medida.

Quien velaba por los niños,

y nos protegía desde donde quiera que estuviese.

¡Ah, el antiguo colegio...!

Sombrío y lleno de misterios...








(Archivo: cueva del coco). 

  

jueves, 2 de noviembre de 2023

2 de noviembre...

 






2 de noviermbre.



Que os llene Dios de dulce paz y olvido

y os limpie totalmente la memoria

de  cuantas sombras fueron vuestra historia

y el sueño fantasmal de haber vivido.


En tan largo camino recorrido,

vertido sin pasar pena ni gloria,

fuísteis el agua lenta de la noria

que regó un tiempo apenas percibido.


Y cuando se os quebró el frágil latido

y vuestras manos se tornaron frías,

mi corazón, cansado y dolorido


hubo de atarse al curso de los días.

Bajo el cielo invernal, descolorido,

evoco aquellas viejas alegrías.








(Archivo: cueva del coco.

Imagen: mirarlook/cueva del coco

Dedicado a Yayo Félix).




viernes, 27 de octubre de 2023

Regresos...







 Sigüés. Zaragoza.


Se suele decir 

que no debemos volver a los lugares 

donde hemos sido felices...,

o lo contrario...

Pasó el día de Navidad, 

y el 26 de diciembre, 

por la carretera antigua de Zaragoza, 

alcanzamos el Puerto de Oroel...,

y seguimos adelante...

Llegamos a Sigüés, y me pareció un lugar extraño...

Muy diferente de aquel otoño,

cuando corría por los caminos,

entraba en la viñas,

y los agricultores me ofrecían hermosos racimos

de dulcísimas y sabrosas uvas negras...

Un otoño "amarillo"...

Yo le recuerdo así...

Vivíamos en una casa de recios muros de piedra,

orientada al sur.

El edificio de las escuelas,

donde mi padre se ocupaba de una "unitaria",

es decir, un aula donde se juntaban chicos y grandes,

era de una sola planta.

A la izquierda, el maestro.

A la derecha, la maestra.

Y eso era todo...

En los armarios, al fondo de la clase,

abundancia de libros, que yo devoraba...

Fue un otoño amable, muy tibio,

y muy seco, también...

Higueras por todas partes...

Pero aquello duró poco.

Trasladaron a mi padre a un pueblo, 

cerca del pantano de Yesa,

continuamente envuelto en nieblas,

y de allí, me mandaron de vuelta, con mis abuelos.

Ese día de diciembre, cuando faltaba muy poco

para estrenar el último año del siglo XX,

intentaba extraer recuerdos, y hallé muy pocos...

La casa, había cedido al embate del tiempo,

de las lluvias y del abandono,

y apenas si quedaban de ella

unos muros derruídos, piedras sueltas,

y una triste sensación de lejanía en el tiempo...

¿Yo había vivido allí...?

¿Dónde estaba el balcón por el que me asomaba al descampado?

La pequeña ventana del cuarto de mis padres,

que olía siempre a romero y lavanda,

tampoco existía...

Algunas calles, la plaza, la iglesia...,

sí, estaban como yo las recordaba...

Pero, el resto, huído de mi memoria,

ya nada me evocaba...

El edificio de las escuelas,

tenía otro uso...

Y salimos de allí...

Durante el regreso, apenas dije nada...

El tiempo es implacable,

y, aun así, 

pretendemos abarcar el pasado y el presente...

Y nunca es posible...










(Archivo: cuevadelcoco.)