De pronto, un día, cualquier día,
y no habrá sido el primero...,
sentimos que una nube
cruza ante nuestros ojos
y todo se ensombrece...
No importa que sea
en una mañana de invierno,
o en un cálido atardecer de finales de junio.
Y así, aparece ante nosotros
esa silla vacía,
o la butaca junto al ventanal,
que aún sostiene un libro
en uno de sus brazos...
Y un sentimiento oscuro, confuso,
se apodera de nosotros,
nos envuelve
lo mismo que una hiedra helada...
Así, sabemos que alguien nos falta,
que alguien no nos acompaña...
Oh, es una lucha perdida...!
Porque, aunque arañemos
la corteza del tiempo,
aunque creamos revivir
esos instantes luminosos,
todo es una ilusión...,
una frustrante ilusión...
El vacío opaco de todas las ausencias,
se desborda y nos inunda el pensamiento.
Quizá nos quede alguna lágrima...,
quizá ya derramamos la última hace...,
cualquiera sabe...!
Y seguimos, seguimos adelante,
con la mirada posada en la lejanía...,
aunque estemos rotos por dentro...
(Archivo: cuevadelcoco.
Ilustración: Mateo Lahoz.)

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