Es la primera novela de Ray Bradbury,
al margen de la fantasía científica,
o, como se conoce popularmente,
ciencia ficción.
Un libro feliz,
una historia de verano,
de un verano cualquiera,
pero, que, para su protagonista,
será el mejor
y el más maravilloso de todos.
Con sus zapatos nuevos,
ligeros y flexibles,
se sentirá con alas en los pies,
y capaz de saltar por encima
de vallas y de setos,
de competir con el viento de la mañana
por las sendas
todavía húmedas de rocío.
Como Tom Sawyer
y su inseparable Huck Finn.
Vitalidad e inocencia,
propias de un niño de doce años,
que observa, escucha y descubre,
aspectos insospechados de la vida.
Bradbury,
ha convertido en poesía
las jornadas de tres meses estivales.
El futuro no importa.
Sólo la luz,
rotunda, densa, acariciante...
(Archivo: cuevadelcoco).